miércoles, 23 de enero de 2019

Llegará un día, llegará el Reino

Llegará un día
en el que vivir no sea una pesada carga,
que doble las espaldas
y sofoque los corazones,
sino una asombrosa experiencia de plenitud
para todas las personas,

sea cual sea su origen, color, país o religión.

Llegará un día
en el que la libertad no sea un sueño,
temeroso de ser perdido

si despierta entre nuestros frágiles brazos,
sino una alegre realidad
capaz de ilusionar y emocionar
a todos los que vivimos y soñamos.

Llegará un día
en el que la igualdad no esté en entredicho
ni necesite discriminación positiva,

sea cual sea la cultura,
la condición social,
la patria, la riqueza
o el sexo de las personas.

Llegará un día
en el que los derechos humanos
no necesiten defensores ni leyes,
pues todos los llevaremos tatuados
en nuestras entrañas
y sabremos transmitirlos
a las generaciones futuras.

Llegará un día
en el que la justicia florecerá
en todos los campos y rincones

de nuestro ser y tierra
y podremos mirar sin temor,
en cualquier dirección,
con ojos limpios y acogedores.

Llegará un día
en el que las fronteras desaparecerán,
y todos los seres humanos
podremos movernos,
sin controles ni tarjetas,
de acá para allá,
como en nuestra propia casa.

Llegará un día
en el que la fraternidad
será la mejor carta de ciudadanía,

de dignidad y de respeto,
y todas las personas serán respetadas,
sean o no compañeras, camaradas,
adversarias o amigas.

Llegará un día
en el que podremos convivir,
dialogar y enriquecernos,
amar, compartir y criticarnos,
soñar, trabajar y cantar,

y ser diferentes sin excluirnos
en la mesa, en el corazón y en la historia.

Llegará un día
en el que esta sociedad se sienta renacer
en todos los cruces y sendas,
revistas, periódicos, radios y televisiones;
y en el que la buena noticia
sea el pan nuestro cada día
para quienes aman y caminan.
¡Pronto llegará ese nuevo día, Señor,
si proclamamos sólo palabras de gracia!
¡Ya se anuncia!

Por Florentino Uribarri. Publicado en Fe Adulta

martes, 22 de enero de 2019

Nuestro

Decir 'nuestro' no es decir 'mío' ni 'tuyo' ni 'suyo'. Cuánto nos cuesta, en este mundo de propiedades y dueños, pasar de lo propio a lo común, de la pertenencia que excluye a la pertenencia que incluye. Tal vez de eso se trata. Porque decir 'nuestro', con verdad y honestidad, implica e incluye.

Nada sería 'nuestro' si nos mantenemos solos. Decir 'nuestro' nos obliga a levantar nuestras barreras más íntimas y personales para incluir a otros en ese decir. Un levantar barreras y muros que muchas veces no es nada fácil porque supone desestabilidad, salir de nuestras zonas más cómodas, supone implicarnos en lo que decimos. Decir 'nuestro', además, nos ayuda a derribar fronteras, tanto físicas como internas. A derribar muros políticos, religiosos, personales… Pero por suerte, un derribo que, al mismo tiempo, también construye. Construye fraternidad, acogida, respiro, alivio. Y estamos llamados a ello. Decir 'nuestro' nos hace más familia, más empáticos, más amigos, más hermanos. Nos invita a abrir nuestras puertas, nuestros brazos, nuestros hogares, nuestras entrañas para dar cabida a la acogida del que llega, del que nos ofrece otro punto de vista, del que nos enseña otro modo de sentir, del que nos provoca otro modo de mirar, del que nos suscita aquella nueva pregunta o nos dibuja aquella incertidumbre que nos impulsa a nuevos intentos, tal vez aún no imaginados, que nos lanzan a descubrir otros modos de ser y de existir. Porque es ahí donde el decir 'nuestro' tiene su sentido más pleno. Y donde decir 'nuestro' nos da respiro y alivio. Respiro porque nos llena el interior y la vida de esperanza, y alivio porque nos permite abandonar las intemperies no escogidas.

Por eso, decir 'nuestro' implica replantearnos nuestra postura ante situaciones vitales más o menos cercanas –o tal vez lejanas– pues, de no hacerlo, estaríamos traicionando su significado y más grave aún, nos estaríamos traicionando a nosotros mismos. Y, al mismo tiempo, decir 'nuestro', remueve y complica. Nos remueve porque nos obliga a un cambio que, de nosotros depende, sea más o menos existencial o con más o menos matices de profundidad, y nos complica porque ¿quién se ha quedado indiferente al comprometerse en una causa que rompe con la exclusividad?

En definitiva, decir 'nuestro' nos adentra en el terreno común de la humanidad, del ser persona, del ser humano, de ser –en definitiva– más allá de la raza, el color, la nacionalidad, la espiritualidad o la creencia. Así, decir 'nuestro”'nos invita a ser audaces y humildes, valientes y vulnerables, osados y cautos, creativos y fieles, y también, porqué no, al final, ciegamente confiados. Y con todo, qué afortunados al poder llamar a Dios así, Dios Padre, pero 'nuestro'.

Por Gloria Díaz Lleonart. Publicado en Pastoral SJ

lunes, 21 de enero de 2019

Que estás en el cielo

Rezamos a un Padre que está en el cielo. Tal afirmación o nos salva y pone en camino, o bien nos lleva a un letargo insospechado. Así de radical. Lo segundo, porque podemos quedarnos sentados mirando al cielo y volvernos cristianos acomodados a la espera de un Dios romántico, que en algún momento decida escucharnos y tomar parte de nuestros deseos. El cielo ha sido siempre la imagen de un lugar en el cual hallamos salvación, pero ¿dónde está hoy el cielo? ¿dónde encontrar a nuestro Padre para experimentar esa sensación de sentirnos salvados, seguros, abrazados?

Es curioso oír diferentes canciones populares que conectan el 'cielo' con alguna persona a la que se ama profundamente. Eric Clapton, en su canción Tears in Heaven, canta con un amor paternal enorme a su hijo fallecido: «¿Me tomarías de la mano si te viese en el cielo?/ Más allá de la puerta, hay paz, estoy seguro». Acá la experiencia del cielo hace conectarse al ser humano con aquella persona que lo hace sentirse vivo, pleno, completo. Led Zeppelin en Stairway to Heaven, termina hablando del cielo en estas palabras: «y si escuchas muy atento,/ la melodía vendrá al fin a ti,/ cuando todos sean uno y uno sean todo». Sientes acá cómo el cielo se conecta con una experiencia universal, común a todo ser humano: nuestro hondo deseo de comunión. Esto hace al hablante de la canción, movilizarse e ir en busca de esa 'escalera' que le permita alcanzar tan profundo anhelo.

Y, así, muchas otras expresiones humanas en el arte invitan a mirar al cielo no como algo etéreo, separado de nuestra realidad, sino como algo que habita en cada uno de nosotros. El 'cielo' se halla en aquellas situaciones y relaciones que hacen a la mujer y al hombre apasionarse por la vida. Es bello ver cómo Dios se manifiesta en este deseo del ser humano, y pone algo tan trascendental y misterioso, al alcance de nuestra cultura y entendimiento. Quizás por esto cuando se nos narra en el libro de los Hechos de los Apostóles, la Ascensión de Jesús al cielo (cf. Hch 1, 6-11), y los discípulos se quedan mirando absortos hacia este, unos hombres vestidos de blanco los reprenden y dicen: «¿Qué hacéis mirando al cielo?» La pregunta los saca de su abstracción, los lleva al amor, de vuelta a Jerusalén; al lugar donde comenzarán a construir la Iglesia. La pregunta los ubica en el lugar donde encontrarán en esta vida el cielo que Dios quiere regalarles.

Un jesuita chileno, Pepe Aldunate, dijo una vez que: «la eternidad (=cielo) es importante, pero la eternidad se construye en el tiempo y, el tiempo es importante». Como vemos, el cielo nos moviliza e interpela, nos lleva a aquellos lugares, personas y situaciones en las cuáles experimentamos el profundo deseo de unirnos con la humanidad; también la humanidad más frágil y necesitada de comunión. Y ahí, en ese deseo de construir el cielo en la tierra y de encontrarnos unos con otros, hallamos a Dios, ahí nuestro Padre, hablándonos con pasión, ternura y amor.

domingo, 20 de enero de 2019

Esperar la extravagancia, superar la pasividad

"No hay nada que no merezca la pena hacer que no merezca la pena exagerar". Así hablaba uno de mis maravillosamente irreverentes amigos de la universidad. Por impúdido que suene, me recuerda el primero de los signos de Jesús recogidos en el Evangelio de Juan. El académico bíblico Silvano Fausti dice que esta historia "intenta mostrarnos de un vistazo lo escandalosamente distinto que es Dios de como lo imaginamos".

De verdad, ¿qué celebración de una boda necesita seiscientos litros de vino? Pero esa es la historia que Juan nos narra. El mensaje teológico parece ser que Dios está dispuesto a ir a los extremos -y no necesariamente de la clase sobre la que habitualmente se predica-.

Aunque probablemente hayamos escuchado que las bodas de Caná muestran que Jesús bendice el matrimonio, la historia se queda miserablemente corta a la hora de abordar los detalles del matrimonio. El único contrayente que, al menos, es mencionado, es el novio anónimo, y su único papel es escuchar que el vino nuevo es mejor que el antiguo.

Los personajes principales de la historia son dos de los invitados a la boda: Jesús y Su madre. Los personajes secundarios son los sirvientes. La familia, los discípulos, los contrayentes, etcétera, son solo extras. Todo el argumento gira en torno al vino. Juan el Bautista y sus ascéticos discípulos entrarían en shock.

Obviamente, no es un relato sobre el matrimonio y la familia. En cambio, es una historia sobre una fiesta de boda. En el Evangelio de Juan, es el primer acto en la misión del Mesías de llevar a plenitud la unión entre Dios y la humanidad.

Juan el Evangelista llama a este el primero de los "signos" de Jesús, acontecimientos que habitualmente llamamos milagros. Pero los signos de Jesús fueron mucho más que milagros puntuales. Los signos de Jesús anunciaban que algo radicalmente nuevo estaba sucediendo. Podríamos considerar el signo del vino de la boda como una parábola viviente, una representación que explicó la primera declaración por Jesús de Su misión cuando manifestó: "Este es el tiempo de cumplimiento. El Reino de Dios está cerca" (Marcos 1:15).

Juan no presta ninguna atención al novio ni a la novia porque el relato trata sobre el matrimonio entre Dios y Su Pueblo. La boda sin vino es la situación en la que las antiguas tradiciones, como las tinajas ceremoniales vacías, han perdido su poder.

Esta boda es un rito sin vida. Los principales intervinientes no tienen nombre, los discípulos son meros observadores. La gente cumple con las rúbricas, pero no hay ninguna pasión. Es como si se pensasen que es lo que se supone que tienen que hacer, pero no tienen ni idea de por qué creen todavía en ello. Cualquiera podría hacer lo que ellos están haciendo y no habría ninguna diferencia.

Entonces, la madre de Jesús entra en escena. Como representante de la esperanza de Israel, del potencial de Israel para dar vida, protesta. Una boda sin vino es una liturgia sin pasión, un sacrilegio.

El siempre enigmático Jesús responde que su hora todavía no ha llegado. Pero la madre de Israel, confiando en que su oración no quedará sin ser escuchada, dice a los sirvientes: "Haced lo que Él os diga". Como Moisés que ordenó a su pueblo elegir la vida, instruyó a los sirvientes de Dios a obedecer la palabra de Jesús.

Esto lleva la escena al climax. Jesús les pide a los siervos que hagan algo muy sencillo. Les dice que que completen las prácticas religiosas que han permitido que cayesen en la negligencia. Su obediencia Le proporciona la materia prima necesaria para obrar Su signo. Cuando han llenado las tinajas, han demostrado su corazón y Dios tiene algo nuevo con lo que trabajar.
llenen las tinajas ceremoniales vacías. Les dice
En una historia que encontrará un eco en el relato de los panes y los peces, Jesús tomó lo poco que pudieron proporcionarle y lo transformó en superabundante. Juan nos dice que este acontecimiento supuso la primera revelación de la gloria de Jesús y que los discípulos comenzaron a creer en Él.

Según el Evangelio de Juan, fue este el signo primordial de Jesús, el acontecimiento que abrió el camino a todo lo que estaba por llegar. Jesús dijo que Su tiempo todavía no había llegado, pero María creyó que Su sola presencia significaba que el tiempo estaba maduro.

Podemos estar viviendo en la misma zona horaria que los invitados de Caná. Demasiados de nosotros nos hemos acostumbrado a la sequedad espiritual. Como pasivos invitados a la boda, cumplimos con los ceremoniales sin grandes expectativas. El verdadero escándalo al que apunta el relato no es el vino, sino la pasividad.

Hoy, María nos dice que si queremos que las cosas sean diferentes, si estamos dispuestos a afrontar el riesgo de la experiencia del amor de Dios, es tiempo de volvernos a Jesús y hacer lo que Él nos diga. Es tiempo de grandes expectativas. 

Por Mary Mc Glone. Traducido del National Catholic Reporter

sábado, 19 de enero de 2019

Actúa siempre con toda justicia

Cada año los cristianos de todo el mundo se unen en oración para crecer en la unidad. Hacemos esto en un mundo en el que la corrupción, la codicia y la injusticia crean desigualdad y división. Oramos juntos en un mundo dividido: esto es algo poderoso. Sin embargo, como cristianos y comunidades muchas veces somos cómplices de la injusticia, aunque también estamos llamados a dar un testimonio común a favor de la justicia y ser instrumentos de la gracia sanadora de Cristo para un mundo quebrantado.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019 ha sido preparada por cristianos de Indonesia. Con una población de 265 millones, de la cual el 86 % se considera musulmana, Indonesia es bien conocido como el país con mayor población musulmana del mundo. Sin embargo, un 10 % de los habitantes de Indonesia son cristianos de distintas tradiciones. En términos tanto de población como de su vasta extensión territorial, Indonesia es el país más grande del Sudeste Asiático. Tiene más de 17 000 islas, 1340 grupos étnicos diferentes y más de 740 lenguas locales y, sin embargo, está unido en su pluralidad por una lengua nacional, el indonesio (Bahasa Indonesia). La nación se funda en cinco principios, llamados Pancasila, con el lema Bhineka Tunggal Ika (unidad en la diversidad). A través de la diversidad de grupos étnicos, lenguas y religiones, los indonesios han vivido de acuerdo con el principio de gotong royong, que es vivir en solidaridad y colaboración. Esto significa compartir en todos los ámbitos de la vida, el trabajo, el duelo y las fiestas, y considerar a todos los indonesios como hermanos y hermanas.

Esta armonía siempre frágil está amenazada en la actualidad de nuevas maneras. Gran parte del crecimiento económico que Indonesia ha experimentado en las últimas décadas se ha basado en un sistema que tiene en su corazón la competitividad. Esto es directamente contrario al principio de colaboración de gotong royong. La corrupción está presente de muchas formas. Infecta la política y los negocios, frecuentemente con consecuencias devastadoras para el medio ambiente. De un modo especial la corrupción socava la justicia y la aplicación de la ley. Con demasiada frecuencia los que deberían promover la justicia y proteger al débil hacen lo contrario. Como consecuencia de ello, la brecha entre los ricos y los pobres ha aumentado, con lo que en un país que es rico en recursos se ve el escándalo de muchas personas que viven en pobreza. Como dice un dicho tradicional de Indonesia: «un ratón se muere de hambre en un granero lleno de arroz». Mientras tanto, se suele asociar a algunos grupos étnicos y religiosos concretos con la riqueza en modos que alimentan las tensiones. La radicalización que enfrenta a una comunidad contra otra ha crecido y se ve exacerbada por el uso indebido de los medios de comunicación que demonizan a algunas comunidades.

En tal contexto, las comunidades cristianas toman conciencia nuevamente de su unidad al juntarse ante una misma preocupación y para dar una respuesta común a una situación injusta. Al mismo tiempo los cristianos, frente a estas injusticias, estamos obligados a examinar las maneras en las que somos cómplices. Solamente atendiendo la oración de Jesús de que «sean uno» podemos dar testimonio de vivir la unidad en la diversidad. Solo a través de nuestra unidad en Cristo seremos capaces de luchar contra la injusticia y de ponernos al servicio de las necesidades de las víctimas.

Movidos por estas preocupaciones, los cristianos de Indonesia encontraron que las palabras del Deuteronomio «actúa siempre con toda justicia…» (cf. Dt 16, 18-20) hablaban poderosamente a su
situación y a sus necesidades. Antes de que el pueblo de Dios entrara en la tierra que Dios le había prometido, renovó su adhesión a la alianza que Dios había hecho con él. El pasaje bíblico se encuentra en un capítulo que tiene como tema central las fiestas que el pueblo de la alianza debía celebrar. Para cada fiesta se instruía al pueblo: «La celebrarás con tus hijos e hijas, tus esclavos y esclavas, con los levitas, inmigrantes, huérfanos y viudas que viven en tus ciudades» (Dt 16, 14; cf. También 16, 11). Los cristianos de Indonesia intentan recuperar este mismo espíritu de fiestas incluyentes entre las distintas comunidades que antes tenían. Puede parecer extraño que al final de este largo capítulo aparezcan dos versículos sobre el nombramiento de jueces, pero en el contexto de Indonesia la relación entre las fiestas incluyentes y la justicia aparece con mucha claridad. Como pueblo de la alianza establecida por Jesús, sabemos que las alegrías del banquete celestial serán dadas a los que tienen hambre y sed y que son perseguidos por la justicia «porque suyo es el reino de los cielos» (Mt 5, 6.10).

La Iglesia de Cristo está llamada a ser un anticipo de este reino. Sin embargo, en nuestra desunión nos quedamos cortos. Fallamos a la hora de ser el signo del amor de Dios para su pueblo. Del mismo modo que la injusticia ha hecho crecer las divisiones que han desgarrado la sociedad de Indonesia, también la injusticia ha alimentado las divisiones en la Iglesia. Nos arrepentimos de la injusticia que causa divisiones, pero como cristianos creemos en el poder de Cristo para perdonarnos y redimir. De este modo, nos encontramos unidos bajo la cruz de Cristo, pidiendo a la vez por su gracia que ponga fin a la injusticia y por su misericordia por nuestros pecados que han sido la causa de nuestra división.

Las reflexiones para el Octavario y para la celebración ecuménica se centran en el tema elegido. Para profundizar en nuestra reflexión sobre la unidad y la justicia, el tema de cada día se ha escogido cuidadosamente para presentar conflictos que son resultado de la injusticia. Los temas son:

Día 1: Que fluya el derecho como agua (Amós 5, 24)
Día 2: Decid simplemente: «sí» o «no» (Mateo 5, 37)
Día 3: El Señor es clemente y compasivo (Salmo 145, 8)
Día 4: Contentaos con lo que tenéis (Hebreos 13, 5)
Día 5: Para llevar a los pobres la buena noticia (Lucas 4, 18)
Día 6: Se llama Señor del universo (Jeremías 10, 16)
Día 7: ¡Grande es tu fe, mujer! (Mateo 15, 28)
Día 8: El Señor es mi luz, mi salvación (Salmo 27, 1)

TEXTO BÍBLICO PARA EL 2018
(Deuteronomio 16, 11-20)

Irás al lugar que el Señor tu Dios haya escogido como morada de su nombre; y allí, en presencia del Señor tu Dios, celebrarás la fiesta en Su honor con tus hijos e hijas, con tus esclavos y esclavas, con los levitas que viven en tus ciudades, con los inmigrantes, y con los huérfanos y las viudas que vivan en medio de ti. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto; por tanto, cumple y pon en práctica estos preceptos.

Una vez acabada la vendimia y la recogida de la cosecha celebrarás durante siete días la fiesta de las Enramadas. La celebrarás con tus hijos e hijas, tus esclavos y esclavas, con los levitas, inmigrantes, huérfanos y viudas que viven en tus ciudades. Durante siete días celebrarás esta fiesta en honor del Señor tu Dios, en el lugar que escoja el Señor, porque Él bendecirá todas tus cosechas y todo el trabajo de tus manos, y eso te hará sentir tremendamente dichoso.

Tres veces al año irán todos los varones a presentarse ante el Señor tu Dios, al lugar que el Señor haya escogido: en la fiesta de los Panes sin levadura, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las Enramadas. Nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías, sino que cada uno llevará ofrendas, conforme a las bendiciones que del Señor tu Dios haya recibido.

En todas las ciudades que el Señor tu Dios te da, nombrarás, por tribus, jueces y oficiales que se encargarán de juzgar con justicia al pueblo. No quebrantarás el derecho ni actuarás con parcialidad. No aceptarás soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y falsea la causa del inocente. Actúa siempre con toda justicia, para que vivas y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da.

jueves, 17 de enero de 2019

Los once pilares de un pro-vida consistente

Manifiesto fundacional de "The New Pro-Life Movement"

1.- El derecho a la vida. En primer lugar y ante todo, creemos que todos los seres humanos poseen un derecho absoluto e inherente a la vida y creemos que este derechos se extiende desde la concepción hasta la muerte natural. Esto incluye la protección y el sostenimiento de la vida en todas sus fases y constituye el fundamento de todo nuestro manifiesto.

2.- No al aborto. Estamos opuestos completa y totalmente sin reserva alguna al acto del aborto y a cualquier acción que directa y dolosamente termine con la vida de un niño en el vientre materno. Sin embargo, creemos que los métodos del movimiento pro-vida tradicional han fallado ampliamente en oponerse adecuadamente. Creemos que la forma más efectiva de reducir y, potencialmente, de erradicar, el aborto, consiste en reducir la demanda. A un nivel social, esto exige mayor acceso a la atención sanitaria, a los cuidados pre y postnatales, permisos retribuidos por maternidad y paternidad, protección laboral, salarios iguales, educación sexual y sistemas de ayuda más integrales. Junto con esto, creemos firmemente en el cultivo de la religión, la ciencia y la filosofía para conformar una sociedad que reconozca, respete y admire la vida en el seno materno.

3.-  Derechos y justicia para las mujeres. Ya que las mujeres son elementos centrales en el debate sobre el aborto, estaríamos perdidos si ignorásemos sus derechos y necesidades. Sentimos que pasamos demasiado tiempo discutiendo con dirigentes políticos y sociales que apoyan el aborto y no el suficiente ayudando a las mujeres que de verdad los practican. Los esfuerzos que hemos mencionado arriba no lo son solo para reducir el aborto, sino para asegurar la justicia para las mujeres en nuestra sociedad. Además, la lucha contra el acoso sexual, la violencia y el prejuicio contra la mujer son asuntos pro-vida en sí mismos y apoyamos todos los esfuerzos para poner fin a tales lacras. Estamos comprometidos a proteger los derechos y la igualdad de la mujer, el progreso hacia una igual representación y hacia el respeto a las mujeres en todas las áreas de nuestra cultura.

4.- Suicidio y eutanasia. Rechazamos completamente el concepto de suicidio y apoyamos todo esfuerzo para prevenirlo, comprendiendo que no hay ningún curso realista de acción legal para parar a quienes se disponen a poner fin a sus propias vidas, especialmente aquellos en un gran estado de sufrimiento. Dicho esto, tememos que, legalizando la eutanasia, creemos un mundo que ponga a los mayores y a los enfermos terminales en riesgo. No podemos animar una cultura que apoya la muerte y no privilegia a quien continúa con su vida.

5.- No a la guerra. Rechazamos la mentalidad de "halcón de guerra" y apoyamos plenamente la búsqueda de soluciones diplomáticas a los conflictos internacionales. La fuerza militar solo es justificable cuando resulte absolutamente necesaria para parar a un agresor injusto y proteger la vida de seres humanos inocentes. Incluso en tal supuesto, solo debe utilizarse la fuerza imprescindible. Rechazamos absolutamente el asesinato de civiles, la tortura y ejecución de prisioneros de guerra y la utilización de armas nucleares.

6.- No a la pena de muerte. Apoyamos la absoluta abolición de la pena de muerte. La consideramos un medio injusto e ineficaz de pena. Creemos que matar a quien mató no es un verdadero acto de justicia y que con nuestras modernas infraestructuras y recursos penitenciarios, podemos proteger adecuadamente a la sociedad de aquellos que desean provocar un daño sin tener que arrebatar vidas.

7.- Asistencia sanitaria. La asistencia sanitaria es un derecho, no una mercancía. La salud no debería depender de la capacidad económica. Creemos que todas las personas deberían tener acceso a asistencia médica adecuada, sin importar la clase, el estatus o los ingresos. Por lo tanto, defendemos la asistencia sanitaria universal y defendemos una opción pública.

8.- Pobreza. La pobreza tiene un efecto directo sobre la calidad de la vida. Defendemos soluciones integrales para proporcionar un camino realista de salida de la pobreza y nos oponemos a cualquier legislación que reduzca salarios, recorte asistencia social o restrinja derechos laborales.

9.- El medio ambiente. Creemos que proteger el medio ambiente, combatir el cambio climático y preocuparnos por el mundo que nos rodea tiene un impacto directo en nuestra misión de "proteger y sostener la vida desde la concepción hasta la muerte natural". El "New Pro-Life Movement" apoya todo esfuerzo para reducir las emisiones de carbono, producir energía limpia y renovable y revertir el daño que décadas de industrialización ha provocado a nuestro mundo.

10.- La violencia de las armas. Comprendemos y respetamos el derecho a portar armas y no tenemos ninguna intención de arrebatar ese derecho a ciudadanos respetuosos de la ley en plenas facultades mentales. Dicho esto, no podemos en buena conciencia llamarnos pro-vida e ignorar la violencia terrible causada por las armas. Apoyamos medidas de sentido común para ayudar a reducir este problema, como: comprobaciones universales de antecedentes, prohibición de las ventas online de armas, prohibición de las de gran capacidad, prohibición de la exhibición pública, restringir la propiedad de armas por sujetos violentos, sospechosos de terrorismo, enfermos mentales o personas con historial de violencia doméstica, obligatoriedad de las licencias y entrenamientos de seguridad, obligatoriedad de un almacenamiento seguro.

11.- Implicación social y política. Por último, creemos que para cultivar una auténtica cultura de la vida, debemos permanecer activos social y políticamente. Somos un movimiento en acción y animamos a todos nuestros miembros a encontrar formas de promover activa y eficazmente y de implementar lo que se describe en este manifiesto, ya sea en debates públicos, en manifestaciones, donando dinero y tiempo o intentando ocupar puestos políticos. Somos el Nuevo Movimiento Pro Vida. ¿Te unes?

miércoles, 16 de enero de 2019

Dios Padre no cambia Su amor

Vivo en un mundo cambiante. Hoy por la mañana salí de casa cubierto con un par de suéteres porque el clima era frío, pero el sol del mediodía me obligó a quitarme uno de ellos. También cargo mi paraguas, aunque no lo utilice, porque las nubes amenazan lluvia. Y un ligero viento en mi espalda me hace colocar de nuevo el suéter para evitar un resfrío. Y así como el clima cambian muchas cosas: el tuit del presidente de un país genera especulaciones económicas, un jugador de fútbol es transferido a un equipo rival y ya no tarda en salir la última edición del último aparato celular.

Lo mismo pasa en mi interior. Mis sentimientos cambian, van y vienen. Algunos me habitan por más tiempo y otros son fugaces. Me entristece ver la situación de los migrantes en la ciudad en la que vivo, me alegra sumarme al trabajo de las personas que ayudan a estos peregrinos en albergues y parroquias. La carga académica de final de semestre me hace sentir irritado, pero el ir entregando los primeros ensayos a los profesores me devuelve la serenidad.

¿Qué me ayuda a mantenerme en mi centro en medio de estos cambios? Me ayuda recordar que Dios Padre me ama y Su amor por mí no cambia aunque todo en torno a mí sea inestable. 

Independientemente de si yo estoy triste, irritado, alegre o sereno Dios Padre no cambia Sus
sentimientos por mí y siempre me quiere igual. La imagen que me ayuda a visualizarlo es la de un ancla. El ancla, al ser arrojada al mar y tocar sus profundidades, le da tranquilidad al barco y a su tripulación en medio del vaivén de las olas del mar. Estas se mueven, van y vienen como los conflictos en la realidad de nuestras sociedades y como nuestros sentimientos dentro de cada uno de nosotros. El mar en sus agitaciones mece al barco, pero este está tranquilo con la confianza de sentirse sostenido en el ancla.

La realidad que vivimos es como es y puede ser así, dinámica y conflictiva a veces; y otras tantas puede ser serena o jubilosa. Lo importante es estar anclados en el Padre, para desde Él entrar en esa realidad y hacer algo por ella, por las personas que lo necesitan y por nosotros mismos.

Esta es para mí la experiencia del Padre en este mundo cambiante ¿Habré expresado suficientemente mi experiencia de Dios en este texto? No lo sé… Solo lo comparto y me confío al Padre que seguramente está muy contento de verme feliz en lo que hago.
Juan Pablo Gil, sj. Publicado en Pastoral SJ